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                <article-title>Efigenio Amezúa, In Memoriam</article-title>
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                    <license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto (<italic>Open Access</italic>) bajo la licencia <italic>Creative Commons Attribution Non-Commercial No Derivative</italic>, que permite su uso, distribución y reproducción en cualquier medio, sin restricciones siempre que sin fines comerciales, sin modificaciones y que el trabajo original sea debidamente citado.</license-p>
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            <attrib>Foto: Gustavo Santos / FARO DE VIGO</attrib>
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        <p>El pasado julio murió en Madrid Efigenio Amezúa. Es mucho lo que nos deja: Una teoría sexual tejida con hilos de hondura epistemológica, obra escrita de enorme valor histórico y gnoseológico, la invitación incansable a una actitud de cultivo, curiosidad y asombro ante lo que él denominaba el hecho sexual humano. Y generaciones de sexólogos formados en su Instituto de Ciencias Sexológicas de Madrid, entre los que tengo la fortuna de contarme. De la pedagogía socrática que allí disfrutamos - y sufrimos - dio buena cuenta Agurtzane Ormaza en un reciente trabajo. En el Incisex se transmitía una forma de hacer educación y clínica sexual que busca, respeta y cultiva lo que en el modelo teórico se llaman modos, matices y peculiaridades de cada individuo. Palabras llanas para conceptos potentes.</p>
        <p>De manera ilustrada y francófila, quasi jovellanesca, puso Efigenio su empeño intelectual en la memoria histórica de la sexología europea y por ende de la española. Empecinadamente buscó, recopiló y acumuló la literatura española de temas sexuales del último siglo. No había librero de viejo que no le conociera y su asombrosa biblioteca personal da cuenta de la perseverancia que puso en la tarea. El análisis pormenorizado de esos textos se recoge en la obra <italic>Cien años de temática sexual en España</italic>. Una joya.</p>
        <p>Sentía Amezúa fascinación por la Segunda República y sus protagonistas. Volvía una y otra vez a la labor de la Junta para Ampliación de Estudios bajo la dirección de Ramón y Cajal. Le gustaba tomar café en la Residencia de Estudiantes y contar las muchas anécdotas que de allí sabía. Recuperó para nuestra historia sexológica a autores que la dictadura y la desidia intelectual hubieran borrado si él no hubiera tendido un puente entre ellos y nosotros sirviéndonos en bandeja <italic>Los hijos de don Santiago. Un paseo por el casco antiguo de nuestra Sexología</italic>. Un estudio bio-bibliográfico, porque Efigenio sólo concebía que se pudiera entender la obra de alguien inserta en su historia de vida. Otra joya.</p>
        <p>Era Efigenio mordaz y maestro en el irritante arte de nadar y guardar la ropa. Guasón y cínico, reservaba mesa en restaurantes a nombre de Adolfo Suárez o Felipe González. Cabezón en sus dos mejores acepciones: era un empecinado y un erudito. La última vez que Mónica de Celis y yo lo vimos, pocos meses antes de su muerte, nos contó que estaba releyendo a Merleau-Ponty y Simone de Beauvoir.</p>
        <p>Quería Teresa de Ávila “vivir la vida de tal suerte que viva quede en la muerte”. Efigenio Amezúa nos dejó mucho. Descanse en paz.</p>
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