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            <journal-title>Clínica Contemporánea</journal-title>
            <abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Clín. contemp.</abbrev-journal-title>
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         <issn pub-type="ppub">1989-9912</issn>
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             <publisher-name>Colegio Oficial de la Psicología de Madrid</publisher-name>
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         <article-id pub-id-type="doi">10.5093/cc2026a15</article-id>
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               <subject>ACTUALIDAD</subject>
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            <article-title>Reseña sobre la película “Carmen y Lola” (2018) de Arantxa Echevarría: un puente hacia la tolerancia</article-title>
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                  <surname>Gómez</surname>
                  <given-names>Isabel Bermejo</given-names>
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               <bio>
                  <p>es Psicóloga General Sanitaria (Nº.Col.: M-35526) y Miembro del Grupo de Trabajo Psicología y Artes Audiovisuales y Escénicas “Psicoartaes”</p>
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            <institution content-type="orgname">Práctica privada</institution>
            <institution content-type="original">Práctica privada</institution>
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             <month>8</month>
             <year>2026</year>
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             <year>2026</year>
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         <volume>17</volume>
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            <copyright-statement>Copyright &#xA9; 2026, Colegio Oficial de la Psicología de Madrid</copyright-statement>
            <copyright-year>2026</copyright-year>
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               <license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto (<italic>Open Access</italic>) bajo la licencia <italic>Creative Commons Attribution Non-Commercial No Derivative</italic>, que permite su uso, distribución y reproducción en cualquier medio, sin restricciones siempre que sin fines comerciales, sin modificaciones y que el trabajo original sea debidamente citado.</license-p>
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         <title>FICHA TÉCNICA</title>
         <disp-quote>
            <p><italic>Título original:</italic> Carmen y Lola</p>
            <p><italic>Año:</italic> 2018</p>
            <p><italic>Duración:</italic> 102 min.</p>
            <p><italic>País:</italic> España</p>
            <p><italic>Dirección:</italic> Arantxa Echevarría</p>
            <p><italic>Guion:</italic> Arantxa Echevarría</p>
            <p><italic>Música:</italic> Nina Aranda</p>
            <p><italic>Fotografía:</italic> Pilar Sánchez Díaz</p>
            <p><italic>Reparto:</italic> Zaira Romero, Rosy Rodríguez, Carolina Yuste, Moreno Borja, Rafaela León, entre otros.</p>
         </disp-quote>
         <p>Hay películas que, desde su primera escena, consiguen trasladar al espectador a una realidad con unos códigos sociales, unas costumbres y una forma de entender la vida diferente a la propia de cada uno. “Carmen y Lola” (2018) lo consigue desde el primer instante. Antes incluso de que la historia comience, o de que los personajes pronuncien una sola palabra, la música, el ambiente, y la puesta en escena nos hacen viajar a una realidad muy cercana geográficamente, pero que para muchos resulta social y culturalmente distante: la comunidad gitana. En esta película, dicha comunidad trasciende el papel de simple escenario donde transcurre la historia, y se convierte en un personaje más.</p>
         <p>El primer plano de la película resulta profundamente revelador y, desde una perspectiva psicológica, especialmente interesante. Conocemos a Carmen (Rosy Rodríguez) vestida de novia, con el tradicional vestido de novia gitano, rodeada de los preparativos de una boda que, en apariencia, debería representar uno de los momentos más felices de su vida. Sin embargo, su expresión parece transmitir algo diferente. Muy pronto, la película deja de hablar únicamente de Carmen para plantear una cuestión universal: «¿Hasta qué punto las decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida son verdaderamente nuestras? ¿Elegimos aquello que creemos que nos hará felices o aquello que otros esperan de nosotros?» Probablemente todos podamos sentirnos identificados con este conflicto, independientemente del contexto social o cultural del que procedamos.</p>
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         <p>Especialmente destacable es el trabajo de la directora, Arantxa Echevarría, y de la directora de fotografía, Pilar Sánchez Díaz. Juntas consiguen que el espectador no solo observe la comunidad gitana desde fuera, sino que sienta que se asoma a su intimidad, como si la cámara le permitiera contemplar una realidad pocas veces representada con tanta cercanía y naturalidad. Gracias a esta mirada, “Carmen y Lola” trasciende cualquier etiqueta para convertirse en una historia profundamente humana, protagonizada por dos jóvenes que, mientras intentan descubrir quiénes son y qué quieren para sus vidas, se enfrentan al peso de las expectativas impuestas por el mundo que las rodea.</p>
         <p>Precisamente esa capacidad para convertir una realidad concreta en una historia de alcance universal es una de las señas de identidad del cine de Arantxa Echevarría. Y resulta aún más llamativo si se tiene en cuenta que “Carmen y Lola” supuso su primer largometraje de ficción como directora. Con esta ópera prima obtuvo el Premio Goya a la Mejor Dirección Novel en 2019, e inició una trayectoria que, película tras película, la ha consolidado como una de las cineastas más relevantes del panorama cinematográfico español. Desde entonces ha mantenido un interés constante por retratar realidades sociales y culturales poco representadas en el cine, como volvería a demostrar en “Chinas” (2023) o en “La infiltrada” (2024), galardonada con el Premio Goya a la Mejor Película (ex aequo) en 2025.</p>
         <p>En esa trayectoria destaca también Carolina Yuste, una actriz cuya colaboración con Arantxa Echevarría se ha convertido en una constante dentro de su filmografía. Su interpretación en “Carmen y Lola” marcó un punto de inflexión en su carrera al obtener el Premio Goya a la Mejor Actriz de Reparto en 2019. La directora volvería a confiar en ella en proyectos posteriores, convirtiéndola también en la protagonista de “La infiltrada”, papel por el que Carolina Yuste recibiría el Premio Goya a la Mejor Actriz Protagonista. Su aportación a “Carmen y Lola” fue especialmente relevante no solo delante de la cámara, sino también detrás de ella, al ser la única actriz profesional de un reparto integrado mayoritariamente por intérpretes naturales pertenecientes a la comunidad gitana. Durante el rodaje desempeñó un importante papel de acompañamiento, ayudando al resto del elenco a desenvolverse frente a la cámara. Resulta especialmente interesante cómo esta labor encuentra un paralelismo con el personaje que interpreta: Paqui, una figura cercana que, desde la comprensión y la empatía, acompaña y guía a las dos protagonistas en uno de los momentos más importantes de sus vidas.</p>
         <p>A partir de aquí, son los propios personajes quienes permiten comprender los principales conflictos psicológicos que plantea la película. Si hay un personaje que nos ayuda a entender el peso de la tradición y de las expectativas familiares ese es el de Carmen. Desde el inicio conocemos a una joven que ha aceptado un futuro aparentemente ya escrito para ella: casarse con un hombre gitano, formar una familia y asumir el rol que su comunidad espera de una “mujer de bien”. Sin embargo, la película va dejando entrever que esa aceptación puede no responder tanto a un deseo propio como al cumplimiento de unas normas profundamente interiorizadas. En este sentido, la relación con sus padres resulta especialmente reveladora. Frases como «Que no hables más con él hasta que te cases. ¿Quieres que se entere tu padre?» ponen de manifiesto el peso de la figura paterna dentro de la estructura familiar y reflejan una organización claramente patriarcal. Paralelamente, la madre de Carmen aparece profundamente preocupada por la imagen que proyecta su hija ante el resto de la comunidad. Cuando le dice «Tú tienes que ser una mujer de tu casa. A mí que no me vengan a decir las gitanas que no eres una mujer de bien», parece importar más el juicio social que el bienestar emocional de Carmen.</p>
         <p>La película también refleja cómo incluso decisiones que aparentemente son libres pueden estar profundamente condicionadas por el contexto. Aunque el padre de Carmen afirma que la última palabra la tienen los jóvenes, el espectador no puede evitar preguntarse hasta qué punto esa elección es realmente libre cuando cualquier alternativa implica el rechazo familiar y social. Desde la psicología, este conflicto refleja la tensión entre la identidad personal y las normas familiares y culturales. Carmen deja de representar únicamente a una joven gitana para convertirse en el símbolo de todas aquellas personas que, en algún momento de su vida, han sentido la presión de vivir la vida que otros habían imaginado para ellas.</p>
         <p>Si Carmen representa el peso de las expectativas familiares, Lola (Zaira Romero) simboliza la necesidad de construir una identidad propia. Es una joven que se encuentra en plena búsqueda personal, pero cuyo futuro parece haber sido decidido de antemano. Cuando expresa su deseo de estudiar, su padre responde con rotundidad: «No vas a ir a ninguna excursión. Te vienes con nosotros a vender. No necesitas más.» En apenas unas palabras queda reflejado el peso del legado familiar y de unas expectativas que no nacen de los deseos de Lola, sino de aquello que su entorno considera correcto. Frente a ello, la madre intenta ofrecer una mirada diferente al pedir que le permitan estudiar y construir un futuro distinto, aunque el miedo al juicio de la comunidad vuelve a imponerse.</p>
         <p>Incapaz de expresar abiertamente lo que siente, Lola encuentra refugio en los grafitis que pinta a escondidas. Entre ellos destaca la imagen de un pájaro alzando el vuelo, una poderosa metáfora de la libertad que anhela y que todavía no siente posible. Ese conflicto alcanza su máxima intensidad con el descubrimiento de su orientación sexual. La película muestra cómo, dentro de su contexto, la homosexualidad no solo es rechazada, sino percibida como algo prohibido. Psicológicamente, esto permite comprender un mecanismo muy frecuente: cuando expresar quiénes somos pone en riesgo el vínculo con la familia o el grupo de pertenencia, tendemos a silenciar partes importantes de nuestra identidad. Callar, obedecer y adaptarse se convierten así en estrategias de supervivencia, aunque el coste emocional de hacerlo sea muy elevado.</p>
         <p>Ese mecanismo no es exclusivo de Lola. También Carmen ha aprendido a ocultar aquello que realmente siente. Por eso, cuando ambas se conocen en el mercadillo, la conexión entre ellas aparece de inmediato, aunque ninguna se sienta libre para reconocerla. Mientras Lola da el primer paso, Carmen responde con un rechazo aparentemente tajante: «Conmigo no te confundas. La gente como tú me da mucho asco.» Más que una muestra de odio, la película invita a entender estas palabras como una estrategia de protección. El miedo al rechazo puede llevar a negar, ocultar o incluso atacar aquello que uno mismo siente.</p>
         <p>En ese momento cobra especial importancia la figura de Paqui (Carolina Yuste), una trabajadora social que representa uno de los pocos espacios seguros de toda la película. Escucha sin juzgar, acompaña sin imponer y ofrece a Lola algo que apenas ha encontrado en su entorno: la posibilidad de sentirse comprendida. Una de las escenas más conmovedoras llega cuando intenta transmitirle que puede construir una vida diferente y le recuerda que siempre podrá contar con ella. La respuesta de Lola resume todo el dolor que ha ido silenciando con el paso del tiempo: «Es que las gitanas, Paqui, por no tener, no tenemos ni sueños.» Más que una frase, expresa una profunda desesperanza. Lola no solo siente que no puede vivir la vida que desea; ha llegado a creer que ni siquiera tiene derecho a imaginarla.</p>
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         <p>Sin embargo, en medio de todos esos conflictos, Carmen comienza a reconocer aquello que durante tanto tiempo había intentado negar. La conexión con Lola se convierte en un sentimiento cada vez más auténtico y ambas deciden darse una oportunidad, aunque tengan que vivir su relación en secreto. Una de las escenas más bellas y simbólicas de le película las sitúa en una piscina completamente vacía. No hay agua, pero sí se escucha el sonido del mar, evocando la libertad y la posibilidad de un horizonte diferente. Desde una lectura psicológica, esa piscina puede interpretarse como una metáfora de sus propias vidas: un espacio todavía por llenar, un futuro aún pendiente de construirse libremente. Quizá por eso el mar solo está presente a través de su sonido; la libertad existe, pueden imaginarla e incluso sentirla cerca, pero todavía no forman parte de ella.</p>
         <p>Toda elección tiene un precio. La película muestra cómo ser coherente con la propia identidad no siempre conduce a una felicidad inmediata; en ocasiones implica enfrentarse al rechazo de la familia, de la comunidad e incluso de aquello que siempre se ha considerado un hogar. Carmen y Lola deciden asumir ese coste. Cuando su relación es descubierta, ambas sufren el rechazo de su entorno, pero, en lugar de renunciar a quienes son, optan por alejarse y buscar un espacio donde puedan vivir con libertad. Quizá esa sea una de las reflexiones más valiosas de la película: a veces, el camino más difícil es también el único que nos permite construir una vida verdaderamente nuestra.</p>
         <p>Desde una perspectiva psicológica, “Carmen y Lola” aborda algunos de los conflictos más importantes del desarrollo personal: el peso de las creencias culturales, el legado familiar, el miedo al juicio y al rechazo social, y la necesidad de construir una identidad propia. La película nos recuerda que, aunque las normas y tradiciones forman parte de quienes somos, ninguna de ellas debería impedirnos elegir el camino que sentimos como propio. Estos conflictos también están presentes en otras producciones recientes como “Muy lejos” (Gerard Oms, 2025) o “Maspalomas” (Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, 2025), que exploran la búsqueda de la identidad y la orientación sexual, así como en “Los domingos” (Alauda Ruiz de Azúa, 2025), donde el peso del legado y de los mandatos familiares vuelve a ocupar un lugar central.</p>
         <p>Aunque “Carmen y Lola” nos abre las puertas a una realidad concreta, la de la comunidad gitana, su mayor acierto reside en recordarnos que sus preguntas terminan siendo las de cualquiera de nosotros. Todos hemos sentido alguna vez el peso de las expectativas ajenas, el miedo al rechazo, o la incertidumbre de elegir nuestro propio camino. Porque, cuando vivimos pensando únicamente en lo que los demás esperan de nosotros, aprendemos a sobrevivir. Solo cuando nos atrevemos a elegir aquello que realmente sentimos empezamos, de vedad, a vivir.</p>
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