Último Número 2 Vol. 9 2018


Recensión del libro
Book Review
Manual de psicoterapia centrada en la parentalidad. Nanzer, N., Knauer, D., Palacio Espasa, F., Qayoom-Boulvain, Z., Hentsch, F., Clinton, P., Trojan, D. y Le Scouëzec, I. Editorial Octaedro. Barcelona. 2017. 190 páginas
Book Review: Manual de psicoterapia centrada en la parentalidad

Margarita Aznar Bolaño

Práctica privada, España


Páginas E16, 1-4

DOI https://doi.org/10.5093/cc2018a17

Contenido

Los autores de este trabajo son diferentes profesionales especializados en las intervenciones en la infancia que tienen como lugar de referencia su trabajo en Ginebra y que se plantean la importancia de tratar al niño en psicoterapia atendiendo a la globalidad de su escenario familiar.

Desarrollan lo que denominan psicoterapias basadas en la parentalidad (PCP). El contenido del libro está dividido en tres partes: la primera contempla los aspectos teóricos y las aplicaciones clínicas de la PCP, en la segunda parte desarrollan el uso de esta psicoterapia en las diferentes edades y una tercera parte está destinada a recoger algunas problemáticas específicas.

Los autores introducen que las nuevas problemáticas en infancia, en el entorno en que se mueve esta sociedad actual, están más vinculadas a patologías narcisistas que neuróticas y esto hay que tenerlo en cuenta en el trabajo clínico. También es importante buscar cuáles son los ingredientes de parentalidades suficientemente buenas para lo cual es muy relevante el diálogo entre las neurociencias y el psicoanálisis.

Consideran importantes para comprender los problemas que pueden surgir los modelos de comprensión nacidos de la observación del bebé con sus adultos, citando entre varios al modelo de la sintonización afectiva de Daniel Stern (1985) y la función reflexiva de Fonagy y Target (1997).

Su concepción del psiquismo recoge la herencia kleiniana. Describen tres niveles: el temperamento, la personalidad (estructura interna, representaciones y conflictos inconscientes, parentalidad incluida) y los comportamientos, acciones. Añaden dos modos de funcionamiento: el esquizo paranoide y el depresivo.

Parten a lo largo del texto de los procesos normales. En la parentalidad saludable, pudiéramos decir, el nacimiento del niño coloca las proyecciones y deseos de los padres secundarios a las características del bebé real, ciertos escollos que pueden surgir son relativamente fáciles de resolver y otros precisan de una comprensión de su complejidad. En otros modos de parentalidad más problemáticos, las proyecciones de los padres tiñen la relación con los hijos, dificultando el proceso de lectura del hijo real, hasta extremos muy complejos en algunos casos.

Establecen el proceso de la parentalidad normal y tres tipos de conflictos de parentalidad.

La parentalidad normal, caracterizada por la existencia de proyecciones flexibles de los padres que facilitan la empatía con el niño.

En los conflictos de la parentalidad neurótica, el niño es utilizado para negar aspectos del duelo de los padres. En esta parentalidad se fuerza al niño a identificarse con imágenes proyectadas sobre él para negar los duelos de los padres insuficientemente elaborados. Con la llegada del niño pretenden los padres reescribir su historia negando las vivencias de privación, frustración u opresión.

En los conflictos de la parentalidad masoquista los duelos están más cargados de culpabilidad. Se trata de padres quejosos que, o bien, se han vivido como niños difíciles, o bien han alimentado muchos reproches hacia sus padres como indignos, abandonantes, frustrantes, padres a los que rechazan o que hubieran querido transformar. Tienden a proyectar en el hijo la imagen de niño reivindicativo tal y como se sintieron en la infancia, identificándose con el padre indigno que recibió los ataques del hijo, tienen tendencia a someterse a la tiranía de ese hijo.

En los conflictos de la parentalidad narcisista las identificaciones proyectivas de estos padres están cercanas a la patología. Son rígidas, deformantes, evacuativas. Proyectan en el hijo aspectos negativos de sí mismos o de personas significativas de su pasado. En otra vertiente pueden ser imágenes identificativas “de incorporación” generando fantasías de fusión con un objeto idealizado que les permite negar las angustias de persecución.

El objetivo de la intervención psicoterapéutica será modificar las representaciones de los padres de sí mismos y de los niños retirando las proyecciones sobre ellos de aspectos propios y esto permitirá modificar la mirada que los padres tienen de ellos mismos, de los niños, de la interacción entre ambos, así como la percepción del niño de sí mismo y su sintomatología.

La técnica que utilizan contendría los ingredientes de una psicoterapia psicoanalítica focal: Actitud tolerante y neutra del psicoterapeuta en entrevista no directiva, orientada en una dirección concreta; escucha analítica; poner en palabra las identificaciones parentales, las proyecciones que realiza sobre el niño e interpretaciones genéticas que vinculan conflictos actuales con la historia del progenitor. La transferencia sobre el terapeuta no se interpreta y lo que este experimenta y la contratransferencia son material muy relevante para comprender el mundo interno del padre.

En muchas ocasiones trabajan la diada progenitor-hijo y lo que sucede en la sesión es denominado “secuencias interactivas sintomáticas” (pag. 55), que son para ellos actuaciones transferenciales.

Hablan de que es difícil trabajar sobre la parentalidad de ambos padres en una misma entrevista. Se plantean el trabajo en las diadas más problemáticas, trabajando con la secuencia de las proyecciones que aparecen en la sesión.

Establecen dos tipos de psicoterapia basada en la parentalidad. La PCP breve de 5 a 10 sesiones y que es factible con problemáticas de parentalidades neuróticas o masoquistas ya que en ellas hay pulsiones libidinales hacia el niño y una pretransferencia positiva con el terapeuta. La PCP indeterminada está dirigida a parentalidades narcisistas, en ellas hay pulsiones agresivas hacia el hijo y pretransferencia negativa con el terapeuta. En estas intervenciones es necesario el establecimiento de una alianza terapéutica sólida y un refuerzo de la valoración de los padres previo para que sean efectivas, estos casos precisan muchas veces intervenciones individuales con el niño.

En la descripción del trabajo técnico realizan un minucioso trabajo de exploración utilizando una adaptación de “la entrevista R” de D. N. Stern (Stern et al. 1989) que figura al final del libro como anexo y también uno de los aspectos que resaltan en sus intervenciones son las preguntas acerca de cómo eran algunas de esas cosas en su relación con la infancia propia, esto recuerda al trabajo de mentalización de Fonagy (1999), en el sentido de cómo la mirada hacia la propia crianza es una herramienta de los padres en su función parental y una herramienta del psicoterapeuta en el desarrollo de esta capacidad con los padres.

La segunda parte aborda las PCP en las diferentes edades de los chicos con viñetas clínicas de cada etapa. Son de resaltar los abordajes en el embarazo de riesgo y en las etapas iniciales de la parentalidad con el nacimiento del niño. Hablan de dos procesos que se ponen en juego: la pérdida del lugar de hijo/a para el progenitor y la actualización de los propios conflictos en relación a la propia crianza. Los autores dicen que en estas etapas se produce un fenómeno denominado de “trasparencia psíquica” (pag. 39) en los progenitores y entonces los conflictos pueden ser movilizados y también recolocados con mayor facilidad.

Abordan en la tercera parte del libro procesos especiales como puede ser la parentalidad ante trastornos graves de desarrollo y problemas de alimentación, para por último llegar a un apartado particular del libro que es el que dedican los autores a la conyugalidad.

En la elección de pareja, plantean, hay una tendencia a atribuir al otro progenitor identificaciones proyectivas de naturaleza edípica, procedentes de la sexualidad infantil pero además identificaciones proyectivas anaclíticas similares a las que se establecen sobre el hijo: La imagen del progenitor ideal que el miembro de la pareja habría querido tener o del hijo que habría querido ser.

Con el comienzo de la parentalidad se produce un movimiento de cambio en el equilibrio de la dinámica interna de la pareja con el juego de identificaciones que habían establecido entre ambos. La dificultad para integrar en la parentalidad estos aspectos de la dinámica de la pareja puede conducir a problemas importantes y puede estar en la base de dificultades en el ejercicio de la parentalidad.

Valoración personal

Me ha parecido importante el papel que otorgan a lo largo del libro a lo que ocurre en los procesos normales para pasar después a las posibles alteraciones en dicho funcionamiento. De igual manera, es muy relevante la delimitación de un campo de intervención, el de la parentalidad, con unas áreas específicas susceptibles de ser exploradas en un trabajo psicoanalítico focalizado en ellas.

Resulta en gran medida útil al clínico la descripción de los procesos que se ponen en juego, los tipos de parentalidades, y las herramientas técnicas con las que se abordan, particularmente, las etapas de comienzo de la parentalidad, por su plasticidad y por el carácter preventivo de intervenir en estos momentos.

Los ejemplos clínicos de los capítulos de la segunda parte son muy esquemáticos y entonces, al ser leídos de forma simplista, provocan una sensación de psicoanálisis intelectualizado en el que las interpretaciones son mágicas para la comprensión del problema. Pensamos que en realidad las intervenciones tendrán un grado de complejidad mucho mayor de lo que aparece en las viñetas.

Su psicoterapia centrada en la parentalidad (PCP) pone el acento en los procesos diádicos, del progenitor/a con el niño tanto en la teoría como en la intervención, por ello resulta importante el capítulo dedicado a la conyugalidad porque remarca la complejidad de la inclusión de los dos progenitores, es decir que el proceso viene determinado por la intersección del niño con las parentalidades de sus progenitores y siempre es un proceso triádico, aunque solo es resaltado ese aspecto triádico en este apartado del libro.

Este abordaje arroja luz a la parte de los problemas de la parentalidad vinculados a lo que podemos denominar las proyecciones en el hijo de la propia realidad psíquica y en este sentido arroja luz sobre la naturaleza de estos procesos, pero no da cuenta de los aspectos de la parentalidad que quedan fuera de esta temática. No solamente retirando las proyecciones en el hijo se adquiere la capacidad de saber lo que hay que hacer en la crianza, cual si de un conocimiento innato se tratara. Para saber lo que sucede en la mente del otro hay que poder desarrollar la capacidad de lectura de la misma y esto es el desarrollo de la capacidad reflexiva, que efectivamente presenta serias limitaciones en su desarrollo en los casos graves de proyección masiva en el hijo de la propia subjetividad, pero que no agota los contenidos psicoterapéuticos necesarios para intervenciones desde la parentalidad.

Los autores mencionan la capacidad reflexiva en el texto, pero no está integrada ni teórica ni técnicamente en su abordaje. Disminuir las proyecciones en el hijo de la propia subjetividad y poder ver al hijo aumenta la capacidad reflexiva, pero también intervenciones que aborden el trabajo desde la comprensión de la subjetividad de este, tienen el poder de diluir en parte las proyecciones en el hijo, al reconocer su mente y sus propias necesidades. Son trabajos complementarios, no, como plantean los autores en un momento determinado, el trabajo transformador por excelencia que ellos sistematizan y otros tipos de intervenciones que también se hacen con padres a los que no dan la misma entidad.


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