Último Número 2 Vol. 10 2019


Recensión del libro
Book Review
La Práctica de la Terapia Sistémica. (2018) Alicia Moreno (Ed.). Desclée De Brouwer, Bilbao, 442 páginas

Inés Hornillos García

Universidad Pontificia Comillas, España


Páginas e14, 1-4

DOI https://doi.org/10.5093/cc2019a13

Contenido

La autora del libro La Práctica de la Terapia Sistémica, Alicia Moreno Fernández, es Doctora en Psicología y acreditada como psicóloga clínica, psicoterapeuta, terapeuta familiar y supervisora docente. Además, es directora del centro FOCUS, de psicoterapia y formación en terapia sistémica y narrativa. A través de esta obra pretende plasmar las aplicaciones de su formación y práctica en terapia sistémica, junto a quince autores y autoras con una sólida carrera profesional, que colaboran en la misma para aportar su experiencia y ofrecer, en palabras de la autora, “un mapa”, “una guía de viaje que invita a visitar las principales áreas de aplicación del enfoque sistémico”.

Aquello que caracteriza principalmente al enfoque sistémico es, precisamente, la visión de los problemas del ser humano como parte de un sistema, como síntomas que afloran en un contexto complejo, ramificado y extenso. De esta forma, se abandona la visión del problema como un elemento aislado y negativo, para entenderlo como algo útil y lleno de sentido dentro de una organización amplia donde las relaciones disfuncionales necesitan “dar la voz de alarma” de alguna manera, con el fin de que se realice un cambio. Así mismo, una vez entendido el funcionamiento y el para qué de los síntomas, los terapeutas sistémicos pueden, a través de la modificación de las narrativas o construcciones de la realidad que hacen los sujetos, convertirse en motores del cambio en el funcionamiento de dichos sistemas. Desde esta perspectiva sistémica y narrativa, Alicia Moreno trata de dar respuesta y resolución a múltiples problemáticas que surgen en diferentes contextos de la psicoterapia.

El prólogo, cuyo autor es Marcelo Pakman, destaca la importancia del lector como participante activo en el proceso de lectura y aprendizaje, evaluándolo como un agente que, lejos de seguir al pie de la letra las indicaciones del libro, puede incorporar a través de su propio filtro las sugerencias que aporta su lectura a la propia práctica profesional. Así mismo, concluye que la obra de Alicia Moreno es, en definitiva, un éxito a nivel formativo.

En la introducción, la autora justifica su proyecto junto con el del Manual de Terapia Sistémica, cuya edición realizó unos años antes, con el fin de reunir en ambos los principales conceptos, modelos y aplicaciones del enfoque sistémico. Presenta además las partes principales en las que se secciona la obra, los autores colaboradores y las aportaciones que estos realizan en cada capítulo.

La Práctica de la Terapia Sistémica expone cuestiones tan importantes como las éticas y legales en la intervención con familias, que definitivamente no pueden pasarse por alto pues son la base de una práctica profesional legítima. Aborda también la intervención familiar con niños y adolescentes, merecedora de una atención especial por las particularidades que posee, y se detiene en distintos encuadres de la psicoterapia tal y como la intervención en parejas, la terapia individual, las familias inmigrantes, la enfermedad, el duelo familiar y la psicosis. Como “guinda del pastel”, culmina su pragmática obra contextualizando la intervención sistémica en entornos tales como la escuela, los servicios sociales y las organizaciones, los cuales, sin ser entornos clínicos propiamente dichos, se entienden indiscutiblemente relevantes en el desarrollo del individuo.

Los trece capítulos que contiene el libro se organizan en cuatro secciones. La primera de ellas aborda las cuestiones éticas y jurídicas en la intervención sistémica con familias. En el capítulo 1, titulado “Ética y terapia familiar sistémica”, Cristina Polo Usaola explica brevemente conceptos, normas y principios psicoéticos básicos de la terapia sistémica, abordando diferentes situaciones clínicas que pueden implicar un dilema ético, así como su resolución.

El capítulo 2, “Cuestiones legales e intervención psicológica en procesos de separación familiar y desprotección de menores”, está redactado por Vanesa Lara López Agrelo. En este apartado se explican las dificultades en los procesos de separación y ruptura familiar y las funciones del psicólogo e informes pertinentes en tales supuestos, así como las situaciones de desprotección de menores y actuaciones legales que se deben llevar a cabo para evitarlas.

La segunda sección se centra en la intervención familiar sistémica con niños y adolescentes, que abarca dos capítulos completos. En el capítulo 3, “Terapia familiar sistémica con niños y niñas”, Ana Magaz Muñoz plasma las principales hipótesis sistémicas referentes al niño en psicoterapia, además de su correcta evaluación, la externalización del problema y las artes expresivas como estrategias primordiales en la terapia con menores. De la misma forma, explica posibles estrategias en problemas infantiles típicos como son los miedos o las conductas disruptivas, cuestiones en las que frecuentemente el terapeuta puede “no saber por dónde empezar”.

El capítulo 4, de la mano de María José Ortega Cabrera, se titula “Terapia familiar sistémica con adolescentes”. La explicación de la adolescencia desde una perspectiva contextual y evolutiva a través de los modelos de Erikson y Micucci, las hipótesis sistémicas basadas en la función protectora del síntoma, el proceso de individuación y las lealtades invisibles, el proceso terapéutico basado en la alianza terapéutica, la identificación del ciclo sintomático y su ruptura, son contenidos que hacen de este capítulo una lectura básica y enormemente pragmática para intervenir con una parte de la población donde los problemas son “el pan de cada día”.

La tercera sección se centra en la intervención sistémica en distintos encuadres y problemáticas, siendo la parte más extensa de la obra y abarcando seis de sus capítulos.

Annette Kreuz Smolinski, autora del capítulo 5, “Terapia sistémica con parejas”, hace referencia a la formación de las parejas como una expresión de la identidad en lo biológico, psicológico y social del adulto. Explica el proceso terapéutico en pareja minuciosamente, detallando los objetivos, el rol del terapeuta, el encuadre y debido protocolo en las primeras sesiones, de cara a establecer más tarde estrategias terapéuticas que nos lleven o al menos, acerquen, al éxito en la terapia.

Por su parte, el capítulo 6, escrito por la propia Alicia Moreno y con el título de “Terapia sistémica individual”, merece especial atención pues nos permite entender la terapia sistémica para un único sujeto, cuestión que puede ser poco comprensible para quien no posee mucho contacto con este enfoque. Esto es, al centrarse la terapia sistémica en el análisis de las relaciones y sistemas en los que se desarrolla una persona, se podría poner en duda, sin un conocimiento básico, la utilidad de esta perspectiva para afrontar problemáticas desde una petición individual y no familiar o de pareja. Así, Alicia Moreno hace un recorrido por el contexto relacional y social del individuo, señala la importancia del lenguaje despatologizante para restar tensión al sufrimiento de la persona y con el objetivo de cambiar el foco de atención hacia los recursos que ésta posee. Así mismo, explica las hipótesis, los mapas y el andamiaje como herramientas del terapeuta, su rol como co-investigador, co-editor de nuevas narrativas y coach o entrenador en el desarrollo y crecimiento del sujeto. Importantes palabras utiliza la autora en este apartado, desde una de las perspectivas principales de su obra: “Si el lema de la terapia narrativa es: “la persona no es el problema, el problema es el problema”, podemos dar un paso más al establecer que “la relación con el problema es el problema”, entendiendo que para que el problema se mantenga en la vida del consultante, es necesaria la colaboración de este…”, reflejando así la importancia de la construcción que realiza el sujeto sobre la realidad y la clave del cambio en la misma para afrontarla de una manera más funcional. De igual forma explica, también desde una perspectiva narrativa, las áreas de exploración e intervención en terapia, desde los patrones individuales hasta los socioculturales, pasando por los interpersonales. Con respecto a los segundos, la autora hace especial mención a los discursos sociales, incluyendo la perspectiva de género en su relato, necesaria para entender muchas de las problemáticas individuales que llegan a terapia.

A continuación, el capítulo 7, “Terapia sistémica-ecológica con familias inmigrantes”, por Jaime Inclán y Magdalena Marino, nos sitúa en una temática a priori desconocida para muchos. Los autores ofrecen una guía para la comprensión de la vulnerabilidad de estas familias que emigran, centrándose en los tipos de inmigración y sus efectos y considerando cuestiones teóricas básicas para su entendimiento. Explican además el trabajo necesario con estas familias, el proceso pertinente de evaluación de las mismas, el enganche y la efectividad necesarios en la intervención, así como la cuestión de la difícil etapa adolescente, igualmente presente en las familias inmigrantes y ejemplificada en un caso clínico.

Por su parte, Carlos Pitillas Salvá aborda en el capítulo 8, “Familia y enfermedad: intervención familiar en el cáncer infantil”, un tema doloroso y generador de ansiedad quizá sólo con oír hablar de ello: la enfermedad y posible muerte de los más pequeños. Su lectura, especialmente conmovedora, obliga a tomar una perspectiva tan realista como cruda sobre los aspectos generales de la enfermedad, las fases del tratamiento y los principales retos psicológicos que conlleva, así como sobre el ajuste que hacen las familias y las orientaciones para su intervención. En este sentido, merece especial atención la técnica del juego terapéutico familiar, capaz de distender en cierta manera la traumática situación que atraviesan las familias con un menor enfermo.

Otro tema también caracterizado por la crudeza, aunque quizá más normalizado, es el fallecimiento de un miembro cualquiera de la familia, que aborda el capítulo 9, “Duelo y terapia familiar sistémica”, elaborado por Ana Lebrero Rosales. La autora explica, también de una forma conmovedora, las tareas propias del duelo, los factores que influyen en dicho proceso, las estrategias terapéuticas que buscan sanar el dolor y el rol del terapeuta como figura de soporte emocional ante esta difícil situación.

El capítulo 10, que cierra esta tercera sección, está escrito por Teresa Suárez Rodríguez y Miguel Ángel Sánchez López y se titula “El tratamiento de la psicosis desde el enfoque sistémico”. En él, los autores introducen los principales modelos explicativos de la psicosis, la comunicación en la familia y los modelos de intervención de la escuela de Milán, aportando estrategias terapéuticas clave para abordar esta problemática, que además se podría considerar un “tema tabú”.

La última y cuarta sección abarca la intervención sistémica en diferentes contextos y está compuesta por tres capítulos.

En el capítulo 11, “La intervención sistémica en el contexto escolar”, Virginia Cagigal de Gregorio nos ofrece una visión del enfoque sistémico dentro de la escuela, así como la relación de ésta con la familia, la función del psicólogo escolar, los cambios que se entienden necesarios en este contexto, la psicoeducación y la intervención sistémica en la escuela.

El capítulo 12 se titula “Ayuda Colaborativa: un marco para el trabajo con familias en servicios sociales” y está elaborado por William Madsen y traducido por Margarita Acosta Hidalgo. En él se presentan los principales retos de la actuación de los Servicios Sociales, la importancia de tener en cuenta a las familias que piden ayuda en este contexto y los mapas de ayuda colaborativa, así como el desarrollo de un plan de acción que guíe el proceso terapéutico.

Por último, en el capítulo 13 “La intervención sistémica en organizaciones y contextos no clínicos”, Reyes Ballesteros Torres y Carmen Molina Ortiz de Zárate nos detallan un contexto diferente al clínico y no de poca importancia, pues el contexto organizacional y laboral es, tarde o temprano, una parte esencial de la vida de cualquier ser humano. Así, explican las autoras las competencias y el rol principal del consultor en la organización, la importancia de las habilidades comunicativas, el enfoque estratégico necesario para el cambio, donde se incluye el coaching como proceso promotor del desarrollo profesional, el proceso estratégico de intervención en el terreno organizacional y su seguimiento.

En definitiva, si hay una cualidad que define a esta obra esa es “utilidad”. Y es que la autora consigue recoger, como señala que era su propósito, los principales modelos teóricos y aplicaciones prácticas para cada una de las problemáticas que con más frecuencia se abordan en terapia sistémica. A través de su lectura, clara y sencilla, se puede obtener una visión global de las mismas, así como la interiorización de un enfoque pragmático desde el que aplicar técnicas y estrategias con las que “resolver”, lo cual es, a fin de cuentas, el objetivo último de la terapia.


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Correspondencia

Para citar este artículo: García, I. H. (2019). La Práctica de la Terapia Sistémica. (2018) Alicia Moreno (Ed.). Desclée De Brouwer, Bilbao, 442 páginas. Clínica Contemporánea, 10, e14. https://doi.org/10.5093/cc2019a13